El MDS no sería nada sin los territorios que lo acogen. Cada edición se construye en colaboración con instituciones, proveedores y habitantes. Desde hace varios años, la organización se esfuerza por delegar el máximo de tareas a los actores locales, convencida de que nadie conoce mejor el terreno que ellos.
Más allá de la logística, el MDS genera un impacto económico directo: alojamiento, comidas, transporte, almacenamiento o alquiler de material son confiados a proveedores locales. El objetivo es claro: limitar los transportes de larga distancia, reforzar los beneficios locales y apoyar a las familias.
Pero la cooperación también es humana: valorar los saberes, crear empleo temporal, transmitir el respeto al territorio y a sus habitantes. Cada edición está concebida como un proyecto colectivo, donde el éxito se comparte.
Finalmente, tenemos un compromiso fuerte: no dejar rastro. Como nuestros eventos se desarrollan en espacios naturales protegidos, se presta especial atención a la limpieza de los vivacs y de los recorridos. Muy a menudo, los lugares se dejan tan limpios, o incluso más limpios, que antes de nuestro paso.